En la mira: La igualdad de género importa en la respuesta frente al COVID-19

La pandemia del COVID-19 no es sólo una cuestión sanitaria; sino que provoca una profunda conmoción en nuestras sociedades y economías. Además, las mujeres cargan con las labores de cuidados y respuesta frente a la crisis en curso.

Todos los días, las mujeres —ya sea en la primera línea de respuesta o como profesionales de la salud, voluntarias comunitarias, gerentas de transporte y logística, científicas y muchas ocupaciones más— hacen aportes fundamentales para contener el brote. Asimismo, la mayoría de quienes prestan cuidados en los hogares y en nuestras comunidades son mujeres.

Aun más, ellas corren un mayor riesgo de infección y de pérdida de sus medios de vida. Por último, la tendencia existente indica que, durante la crisis, hay un menor acceso a la salud sexual y reproductiva y un aumento de la violencia doméstica.

ONU Mujeres brinda información y análisis actualizados sobre el modo y los motivos de incluir la perspectiva de género en la respuesta frente al COVID-19.

Vídeo: ¿De qué modo las crisis como la del COVID-19 afectan especialmente a las mujeres?

Durante las crisis como la pandemia del COVID-19, las mujeres hacen aportes fundamentales como líderes y personal de respuesta de primera línea. Sin embargo, sufren las peores consecuencias del brote en materia sanitaria, económica y social. Atender las necesidades y el liderazgo de las mujeres fortalecerá la respuesta frente al #COVID19.

COVID-19 en América Latina y el Caribe: cómo incorporar a las mujeres y la igualdad de género en la gestión de la respuesta a la crisis

El manejo de las crisis o situaciones de emergencia como el COVID-19 puede tener impactos graves en la vida de las mujeres y niñas, si no se consideran las dimensiones de género. Temas como el trabajo de cuidados, la autonomía económica, violencia física o sexual, participación de las mujeres en la toma de decisiones, la desagregación de datos por sexo, el análisis de género y la migración irregular, son solo algunas de las áreas de preocupación que deben ser parte de una respuesta efectiva ante la crisis sanitaria que atraviesa el mundo en este momento.

La oficina de ONU Mujeres para las Américas y el Caribe ha desarrollado un brief informativo titulado “COVID-19 en América Latina y el Caribe: cómo incorporar a las mujeres y la igualdad de género en la gestión de la respuesta a la crisis”.

Este documento indica distintos impactos y una serie de recomendaciones para que tomadores de decisión puedan integrar la perspectiva de género en clave de una respuesta efectiva al COVID-19 que integre las necesidades de las mujeres y las niñas en América Latina y el Caribe.

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En cuarentena con mi agresor

En Chile, un 38% de mujeres reporta haber sufrido violencia en contextos de familia y pareja. Y con la cuarentena preventiva, muchas deberán permanecer en alerta. ONU Mujeres advierte que la violencia de género dentro del hogar podría aumentar producto del estrés y obligación de convivir con quien es, en muchos casos, su mayor amenaza.

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COVID-19: un lugar protagónico para las mujeres

Declaración de Phumzile Mlambo-Ngcuka, Secretaria General Adjunta de las Naciones Unidas y Directora Ejecutiva de ONU Mujeres

Fecha: viernes, 20 de marzo de 2020

Hay algo claro sobre la pandemia de COVID-19: los mercados caen, las escuelas y universidades cierran, las personas hacen acopio de suministros y los hogares se convierten en un espacio diferente y saturado. No sólo se trata de un problema de salud. Esta situación representa una conmoción para nuestras sociedades y economías, y expone las deficiencias de los acuerdos públicos y privados de hoy en día, que sólo funcionan si las mujeres se desempeñan en múltiples roles no remunerados.

Aplaudimos los esfuerzos de los gobiernos que están tomando medidas extraordinarias para detener la propagación de infecciones. También reconocemos el sólido liderazgo, desde las organizaciones de base hasta las y los jefes de Estado, para el logro de una respuesta bien dirigida, por ejemplo, en los casos de la canciller Merkel y la primera ministra Solberg, quienes abordaron la ansiedad a nivel nacional, como también en el caso de la primera ministra Ardern, que priorizó la asistencia social en sus medidas económicas.

Sin escuelas, las madres podrán seguir trabajando desde sus hogares, pero muchas también se convertirán en maestras y cuidadoras de sus hijas e hijos, lo que traerá consecuencias también para aquellas que tenían un empleo en estas funciones. En el caso de las 8,5 millones de trabajadoras domésticas migrantes, quienes a menudo se encuentran en condiciones laborales frágiles, la pérdida de ingresos también afecta a quienes dependen de ellas en sus hogares. Las mujeres profesionales, como Sung So-young, de Corea del Sur y madre de dos hijos, nos cuentan acerca del dilema de necesitar volver a la oficina, pero tener que renunciar para garantizar así la continuidad del trabajo —mejor remunerado— de su pareja. A medida que las escuelas cierran en más países, aumenta el número de madres que se enfrentan a esta realidad en el mundo y se acumulan las consecuencias de esta situación.

A mediados de marzo, nos encontramos con 207.855 casos confirmados en 166 países, áreas o territorios. No obstante, sin un desglose de datos por sexo, estos números nos brindan sólo parte de la historia sobre los efectos en mujeres y hombres. Necesitamos un desglose por sexo más detallado para saber cómo evoluciona la situación, incluidas las tasas diferenciadas de infección, impactos económicos y la carga de cuidado diferenciados, e incidencia de violencia doméstica y sexual.

Incluso sin estos datos, la experiencia que nos han legado grandes epidemias de la historia nos señala ciertas fortalezas y vulnerabilidades específicas que podemos hallar y salvaguardar con una actitud proactiva. Cuando los gobiernos o las empresas protegen los ingresos, los dilemas suelen ser más fáciles: sostener los ingresos y evitar empobrecer a los hogares. Esta respuesta también debe comprender a aquellas personas que se encuentran en la economía informal, en la que obtienen sus medios de vida la mayoría de las mujeres que trabajan fuera de sus hogares. Esta protección social debe estar específicamente dirigida a las mujeres.

El brote de ébola entre 2014 y 2016 en los países de África occidental, Guinea, Liberia y Sierra Leone, y la epidemia de zika en América Latina entre 2015 y 2016 nos han dejado lecciones básicas sobre salud pública con perspectiva de género y también lecciones socioeconómicas. Durante estos brotes, las mujeres estuvieron expuestas a riesgos de salud y económicos, tal como lo están ahora, en modos intrínsecamente conectados con sus roles y responsabilidades en la comunidad como cuidadoras del hogar y de la familia.

Por ejemplo, las infecciones de ébola y zika son potencialmente catastróficas para las mujeres embarazadas. Aún así, durante los brotes anteriores, el acceso a los servicios de planificación familiar fueron muy limitados; entonces, las mujeres embarazadas y aquellas en período de lactancia fueron excluidas de la campaña de vacunación contra el virus. Esta situación pone de manifiesto la importancia de proporcionar servicios continuos de salud materna a fin de evitar que reaparezcan las muertes relacionadas con el nacimiento, además de brindar acceso igualitario para las mujeres al desarrollo y al uso de productos médicos, incluidas las vacunas una vez producidas.

En Liberia, las mujeres representan el 85% de las personas que trabajan en comercios de actividad diaria. Sus medios de vida y su seguridad económica sufrieron por las restricciones de viajes relacionadas con el ébola, que limitaron el comercio y afectaron a los bienes perecederos. En aquel momento, junto con el Banco Central de Liberia, pudimos ayudar a miles de mujeres comerciantes transfronterizas a salvar y expandir sus comercios gracias a las transferencias de dinero con tecnología móvil. Es muy importante, entonces, mirar hacia adelante en relación con los roles de las mujeres y las medidas de recuperación, además, tener en cuenta el uso innovador de la tecnología para resolver problemas.

En este momento, los gobiernos reconocen la gran contribución que hacen las mujeres y la condición de precariedad en la que viven muchas de ellas. Para ello, se hace hincapié en sectores en los que las mujeres son mayoría y reciben ingresos magros, como en el caso de las jornaleras, las dueñas de pequeños negocios, quienes trabajan en los sectores de limpieza, cuidado, caja y catering, y en la economía informal.

A escala mundial, las mujeres representan el 70% de quienes trabajan en la atención al público en los sectores de salud y sociales, como enfermeras, parteras, personal de limpieza y lavandería. Necesitamos contar con estrategias de mitigación dirigidas específicamente a los efectos del brote de COVID-19 en la salud y la economía de las mujeres, que brinden apoyo y generen resiliencia en las mujeres, tal como experimentamos en Liberia y en otros lugares. Para que estas respuestas tengan el mejor diseño posible, las mujeres deben comprometerse totalmente en su creación, ser las beneficiarias principales de la ayuda y ser aliadas en la generación de soluciones de largo plazo.

Todos los días aprendemos más acerca de la curva de la pandemia en China. Trabajamos estrechamente allí con el liderazgo del país como parte de la respuesta colectiva de las Naciones Unidas. Las campañas conjuntas han alcanzado a mil millones de personas y comprendieron campañas de sensibilización con información de salud pública, campañas contra el estigma y las discriminación, reflexiones sobre las necesidades específicas de las mujeres, promoción del liderazgo de las mujeres y aportes y desarrollo de planes de recuperación que vinculan la igualdad y la salud con la economía.

Estoy orgullosa de nuestro equipo de ONU Mujeres y su presencia en cada paso del camino, de cómo garantiza el acceso a información sensible al género y de su colaboración con otros organismos vinculados como el UNFPA, que movilizó recursos para mujeres embarazadas y proporcionó condiciones seguras para los nacimientos. También estamos trabajando con organizaciones de mujeres de todo el mundo, por ejemplo, con las y los refugiados de Rohingya en Cox’s Bazar (Bangladesh) donde las mujeres, en particular en entornos segregados, pueden carecer de información clave. Aquí, las mujeres se han organizado en una red de educación para mujeres y niñas sobre cómo mantenerse seguras y evitar infecciones.

Quienes participamos en esta iniciativa, ya sea del sector público o privado, debemos tener un enfoque coordinado y centrado en las personas para aumentar rápidamente la capacidad del sistema de salud en países desarrollados y en desarrollo, en una gestión consciente para dar un lugar protagónico a las mujeres en la agenda. Por ejemplo, la mejora en el acceso a equipos de protección personal adecuados para las personas dedicadas al cuidado en el hogar, la eliminación de obstáculos en su trabajo, la promoción de acuerdos de trabajo flexibles y la garantía de suministro de productos de higiene menstrual. Estas necesidades son mucho más importantes en áreas de bloqueo o cuarentena. También es importante tener en cuenta la violencia de género que se ve agudizada por estas condiciones, pero podría no recibir la atención que necesita, en la respuesta a la pandemia.

La violencia contra las mujeres ya es una epidemia en todas las sociedades, sin excepción. Todos los días, en promedio, 137 mujeres son asesinadas por miembros de su propia familia. También sabemos que los niveles de violencia doméstica y explotación sexual aumentan en gran proporción cuando hay tensión en los hogares por problemas relativos a la seguridad, la salud y el dinero, sumada a las condiciones propias de los hogares hacinados y confinados. Observamos esta realidad a menudo en poblaciones desplazadas en campos de personas refugiadas con capacidad colmada. Recientemente, observamos también que las denuncias por violencia doméstica se han triplicado en algunos países en los que se tomaron medidas de distanciamiento social.

Además, la ciberviolencia se ha convertido en una característica típica de Internet y es un área que vigilar para proteger a las niñas, ya que las limitaciones de movimientos aumentan el juego en línea y el uso de salas de chat. Las niñas también pueden tomar el protagonismo de su propia resistencia en este tema y liderar en las soluciones para medios sociales. En China, la etiqueta #AntiDomesticViolenceDuringEpidemic (en contra de la violencia doméstica durante la epidemia) tuvo una alta repercusión y ayudó a poner a la violencia en primer plano durante la cuarentena. Además, se difundieron enlaces a recursos en línea.

El COVID-19 nos brinda la oportunidad de tomar medidas radicales y positivas para reparar desigualdades históricas en múltiples ámbitos de la vida de las mujeres. Hay espacio no sólo para la resistencia, sino también para la recuperación y el crecimiento. Hago un llamado a los gobiernos y a quienes brindan servicios, incluido el sector privado, para tomar la oportunidad de planificar su respuesta al COVID-19 como nunca lo han hecho antes, y actuar con una plena perspectiva de género, que construya proactivamente experiencia en género en los equipos de respuesta y logre transversalizar el género en los planes de respuesta a la pandemia. Por ejemplo, podrá incluirse un refuerzo financiero para los refugios de mujeres, a fin de que puedan apoyar a mujeres que necesitan escapar de relaciones violentas; podrá brindarse apoyo económico y medidas que alivien económicamente a sectores de venta minorista, hospitalidad y pequeños negocios en los que se brinda empleo a mujeres con modalidades precarias de contratación o directamente sin ellas, que son más vulnerables al ahorro forzado.

Todas estas medidas necesitan fondos. Las organizaciones que brindan respuesta al COVID-19 deben tener recursos presupuestados para inclusión social y de género. Insto a los donantes a tener estas medidas en cuentan en sus aportes, que lo consideren una necesidad permanente y un elemento muy positivo que debe incluirse en sus presupuestos de desarrollo para aumentar en vez de recortar su apoyo a las medidas relativas a la igualdad de género. Las organizaciones que brindan apoyo a las mujeres necesitan asistencia para poder dar una mayor respuesta y prepararse para la recuperación. Se necesitan recursos y muchas organizaciones carecen de ellos. Les pedimos a quienes aportan fondos que incrementen su apoyo a las mujeres, en vez de adoptar un enfoque de austeridad. Es necesario dar una respuesta mundial y coordinada de la magnitud que suponen los pasos siguientes a una crisis financiera; tener una interpretación transversal en cuanto al género y un enfoque plenamente inclusivo.

Este es un momento de reflexión sobre nuestros valores nacionales y personales, y de reconocimiento de la fuerza de la solidaridad de los servicios públicos y la sociedad en general. Es una oportunidad para construir una sociedad mejor, más fuerte, resiliente e igualitaria. Es momento de priorizar con audacia. Seguir los pasos correctos ahora con miras a un futuro recuperado podría traernos alivio y esperanza a las mujeres del mundo.

Lista de verificación para la respuesta al COVID-19 por parte de la Directora Ejecutiva Adjunta de ONU Mujeres, Åsa Regnér

La sede de las Naciones Unidas y las oficinas de ONU Mujeres de todo el mundo están cerradas o han impuesto estrictas restricciones en el acceso del personal. Pero las Naciones Unidas siguen trabajando al máximo de sus capacidades, y más, en la lucha contra el COVID-19, una situación para la que estábamos preparados. Por ahora, una tarea importante de ONU Mujeres es respetar la respuesta política y económica al virus.

Hemos visto, como tantas otras veces, que las mujeres cargan sobre sus hombros el bienestar de los países. En este momento, están trabajando día y noche para mantener unida a la sociedad. Lo hacen a través de la atención médica, la atención materna, la atención a las personas mayores, la enseñanza a distancia, la atención de las niñas y niños, en las farmacias, en los supermercados y como trabajadoras sociales. En algunos países, todos los empleos descritos en esa lista son remunerados, sin embargo, a menudo, son peor pagados que las profesiones tradicionalmente de hombres. Pero, en otros casos, las mujeres realizan el trabajo doméstico y de cuidado sin percibir ningún salario.

La labor de ONU Mujeres es ayudar a los Gobiernos a que se cumplan los derechos de las mujeres y niñas. Esto no es menos importante, y hasta aún más cierto, en épocas de crisis. Los gobiernos están respondiendo, y lo están haciendo bajo la enorme presión para actuar con rapidez. No obstante, también sabemos que las decisiones y políticas son más eficaces si incluyen una perspectiva de género. De hecho, las decisiones y políticas que ignoran este tema no sólo obtienen peores resultados, sino también suelen fracasar. Por este motivo, cooperamos con las personas encargadas de tomar decisiones en la respuesta a esta situación a fin de lograr mejores resultados para las mujeres y niñas, así como para el resto de las personas.

Los rápidos cambios que estamos experimentando en la vida cotidiana repercuten de distinta manera en las mujeres y los hombres. De repente, familias enteras se encuentran encerradas todo el tiempo en espacios reducidos, están bajo estrés económico e implementan la enseñanza a distancia de los niños y niñas. En estas circunstancias, la dinámica de género con la que convivimos a diario puede conducir a resultados y experiencias muy diferentes para varias personas, sumado a la presión que esta situación está ejerciendo en todos los habitantes.

Por lo tanto, estas 10 preguntas están dirigidas a quienes guían a los gobiernos, municipalidades, parlamentos y otras personas encargadas de tomar decisiones:

Primero, sabemos, por la experiencia adquirida con los virus del Ébola y Zika, así como por otras situaciones donde se limitó la circulación de personas por alguna razón, que la violencia contra las mujeres tiende a aumentar. Es una situación potencialmente peligrosa para las mujeres cuando sus cónyuges violentos permanecen en sus hogares todo el tiempo. ¿Qué medidas está adoptando para asegurar que las mujeres tengan acceso a los recursos, las líneas de ayuda telefónica y los refugios?

Segundo, ¿cómo está dirigiendo su respuesta económica y a quiénes favorece? Los ingresos de los hombres, en general, son más altos que los de las mujeres. Los hombres prevalecen en los trabajos permanentes o a largo plazo y tienen una menor presencia en los trabajos precarios. Por ende, existen grandes desigualdades en cuanto al acceso a la seguridad, como los seguros de salud, los beneficios de desempleo y otra protección social. Asimismo, los hombres predominan en el ámbito de las decisiones políticas a nivel mundial. ¿Consideró cómo las opiniones e intereses de las mujeres se reflejan en los resultados y procesos de toma de decisiones que lleva adelante? ¿Recibe los consejos de mujeres políticas y encargadas de la toma de decisiones? ¿Se tuvo en cuenta la opinión de las empresas y los sindicatos que representan a los sectores laborales dominados por las mujeres? ¿Se consultó a las organizaciones de mujeres, los refugios para mujeres y las ONG? ¿Qué sucede con las mujeres que trabajan en el sector informal?

Tercero, las mujeres son más pobres que los hombres y tienen menor poder económico. Si considera las transferencias de efectivo, ¿estas se destinarán a las personas antes que a los hogares para disminuir la dependencia económica de las mujeres con respecto a los hombres?

Cuarto, ¿está preparando intervenciones específicas para los hogares monoparentales —la mayoría de los cuales están conformados por mujeres— cuando la economía se desacelere o incluso se detenga?

Quinto, sabemos que, en este momento, las mujeres y hombres de edad avanzada corren un elevado riesgo. Pero las mujeres constituyen la mayoría de las personas mayores en el mundo, en especial las que tienen más de 80 años. Sin embargo, tienden a tener pensiones más bajas, si es que las tienen, y menos posibilidades de afrontar los gastos de los servicios de atención u otros servicios. ¿Su administración está al tanto de la situación de las personas mayores? ¿Sabe si las dejan solas o reciben asistencia? Si viven solas y se les pide que no salgan, ¿cuenta con planes para garantizar que alguien se ocupe de ellas? ¿Sabe si incluso recibieron la información de la cual todas las personas dependen en este momento?

Sexto, cuando existen servicios de asistencia a las personas mayores, suelen ser las mujeres quienes los prestan. Estos servicios pueden cubrirse a través de trabajos remunerados o, simplemente, a través de la asistencia que les proporcionan a sus familiares. ¿Qué medidas está adoptando para asegurar que estén protegidas contra la transmisión del virus? ¿Se está asegurando de que reciban un salario por ello? ¿Es suficiente?

Séptimo, en muchos países, una menor proporción de mujeres que hombres tienen seguro médico. ¿Qué medidas está adoptando para garantizar que se cumplan sus derechos a realizarse las pruebas correspondientes y a recibir atención médica?

Octavo, durante las crisis, las personas necesitan acceder a alimentos confiables. Las mujeres predominan en los empleos mal remunerados de la industria de producción de alimentos, incluso en el sector agrícola y los supermercados. ¿Qué medidas está adoptando para proteger su situación, por ejemplo, sus condiciones laborales, salarios y acceso a las tierras?

Noveno, en algunos lugares, las escuelas están cerrando. Aquellas personas que cuentan con los recursos pueden recurrir a la enseñanza a distancia. ¿Qué medidas ha adoptado para asegurar que las niñas no tengan que cuidar a sus hermanos y hermanas menores o abuelos y abuelas mientras que los niños siguen estudiando?

Décimo, ¿qué medidas está adoptando para garantizar que el personal y las madres puedan continuar brindando atención materna en circunstancias seguras? Los sistemas de salud están al límite de su capacidad. ¿Cómo está protegiendo la salud de las mujeres, incluida la salud de las madres, en este contexto?

ONU Mujeres continuará dialogando con los gobiernos, las municipalidades y la sociedad civil de todo el mundo para defender los derechos de las mujeres y niñas. Esta crisis nos pondrá a prueba, pero la superaremos mejor, más rápido y hasta quizás logremos una mejor reconstrucción, si nos mantenemos centrados en brindar respuestas equitativas en función del género mientras hacemos frente al COVID-19 y otras cuestiones.

Publicado por ONU Mujeres 

ONU advierte aumento de violencia de género hacia las mujeres tras las medidas para contener el COVID-19

El organismo aseguró que ya vieron como en China, Corea, Italia y Francia aumentó la violencia doméstica. Dicen que se debe a que el hombre aumenta su frustración por no poder proveer a la familia tras perder el trabajo y por el hecho de no tener distracciones, como el deporte, tras las órdenes de cuarentena.

ONU Mujeres, organismo de Naciones Unidas especializado en el desarrollo y promoción de la igualdad de género, advirtió que las medidas que está implementando el mundo de cuarentena y aislamiento social para contener el COVID-19, puede generar un aumento en la violencia de género y la pobreza que viven las mujeres.

Al respecto, la directora regional para las Américas y el Caribe de la entidad, María-Noel Vaeza, aseguró en EFE que “la seguridad alimentaria y la violencia intrafamiliar, la violencia contra la mujer, son asuntos de políticas públicas”.

La especialista explicó que “el hecho de que el hombre no tenga acceso a fuentes de trabajo, tenga mayores frustraciones por el hecho de no poder proveer para su familia y carezca de distracciones como el deporte, va a aumentar la violencia doméstica”.

Además, señaló que este suceso “ya lo vimos en China y en Corea, lo estamos viendo en Italia y en Francia, y seguramente lo vamos a ver, lamentablemente, en América Latina y el Caribe”.

En cuanto a las medidas para prevenir este escenario, Vaeza aseguró que “esto nos debe llevar a invertir más en prevención y en sistemas de alerta temprana a través de las organizaciones de mujeres de base, utilizando la Policía. Este un tema de salud pública que puede llevar a un número mayor de feminicidios y de violencia contra la mujer”.

 

Finalmente, la directora argumentó que “el 75 % de las personas que están en la primera línea en la asistencia sanitaria o en el cuidado son mujeres”, por lo que existe un “riesgo mayor de infección, al estrés del trabajo se le suma la situación familiar: ellas son madres, son jefas de hogar, llegan a hacer las tareas no remuneradas en el hogar”. 

En Chile, distintas organizaciones feministas comenzaron a difundir números de emergencia a los cuales las mujeres pueden llamar en caso de vivir una situación de violencia, sobre todo si comparten hogar con su agresor. 

Los números son:

  • Para hacer seguimiento de una denuncia: 6003330000 (Fiscalía)
  • Orientación por violencia de género: 1455 (Sernameg)
  • Hacer una denuncia anónima: 6004000101 (PDI)
  • Víctimas de violencia intrafamiliar: 149 (Fono familia)
  • En caso de emergencia: 134 (PDI) o 133 (Carabineros)

Nota de CNN Chile 

Declaraciones del Secretario General sobre la COVID 19: Un llamado a la solidaridad

António Guterres

Estamos ante una crisis sanitaria mundial nunca vista en los 75 años de historia de las Naciones Unidas, que está propagando el sufrimiento humano, infectando la economía mundial y trastocando la vida de la gente.

Es casi seguro que se produzca una recesión mundial, quizás también sin precedentes.

La Organización Internacional del Trabajo acaba de informar de que, para finales de este año, los trabajadores de todo el mundo podrían perder hasta 3,4 billones de dólares de los Estados Unidos en ingresos.

Se trata, sobre todo, de una crisis humana que requiere solidaridad.

Nuestra familia humana está estresada y el tejido social se está rasgando. La gente está sufriendo, enferma y asustada.

Las respuestas actuales a nivel nacional no tienen en cuenta la escala mundial ni la complejidad de la crisis.

Lo que se necesita en este momento es la acción política coordinada, decisiva e innovadora de las principales economías del mundo. Debemos reconocer que los más afectados serán los países más pobres y los más vulnerables, especialmente las mujeres.

Celebro la decisión de los líderes del G20 de convocar una cumbre de emergencia la semana próxima para responder a las colosales dificultades que plantea la pandemia de COVID-19, y espero con interés participar en ella.

La idea central que quiero transmitir es clara: estamos en una situación sin precedentes y ya no se aplican las reglas de siempre. No podemos recurrir a las herramientas usuales en tiempos tan inusuales.

La creatividad de la respuesta debe estar a la altura de la naturaleza única de la crisis, y la magnitud de la respuesta debe estar a la altura de su escala.

Nuestro mundo se enfrenta a un enemigo común: estamos en guerra con un virus.

La COVID-19 está matando gente, además de atacar el núcleo de la economía real: el comercio, las cadenas de suministro, los negocios, los puestos de trabajo. Hay ciudades y países enteros en confinamiento. Se están cerrando fronteras. Las empresas están tratando a duras penas de seguir abiertas, y las familias, de mantenerse a flote.

Pero, en la gestión de esta crisis también tenemos una oportunidad única.

Si se gestiona bien la crisis, podemos hacer que la recuperación tome una dirección más sostenible e inclusiva. Por el contrario, la mala coordinación de las políticas podría fijar —e incluso empeorar— desigualdades que ya son insostenibles, lo que anularía los logros del desarrollo y la reducción de la pobreza que tanto costó alcanzar.

Llamo a los líderes mundiales a que aúnen esfuerzos y den una respuesta urgente y coordinada a esta crisis mundial.

Veo tres áreas decisivas para la acción:

EN PRIMER LUGAR, HACER FRENTE A LA EMERGENCIA SANITARIA

Muchos países ya no tienen capacidad para atender siquiera los casos más leves en centros de salud especializados, y muchos de ellos no pueden responder a las enormes necesidades de las personas mayores.

Ni siquiera en los países más ricos dan abasto los sistemas de salud, debido a la presión a la que se han visto sometidos.

El gasto en salud debe incrementarse de inmediato para satisfacer las necesidades urgentes y el aumento de la demanda —ampliar la cobertura de las pruebas de detección, reforzar las instalaciones, retribuir a los trabajadores de la salud y garantizar la suficiencia de suministros—, respetando plenamente los derechos humanos y evitando el estigma.

Se ha demostrado que es posible contener el virus, y es imperioso hacerlo.

Si dejásemos que se propagara como reguero de pólvora, sobre todo en las regiones más vulnerables del mundo, mataría a millones de personas.

Y sin más demora tenemos que dejar de adoptar estrategias sanitarias a escala nacional, cada país por su cuenta, y en cambio garantizar, con total transparencia, una respuesta mundial coordinada, en la que también se ayude a los países menos preparados para hacer frente a la crisis.

Los Gobiernos deben dar el más firme apoyo a la labor multilateral contra el virus, encabezada por la Organización Mundial de la Salud, cuyos llamamientos deben cumplirse sin excepciones.

La catástrofe sanitaria demuestra que somos igual de fuertes que el sistema de salud más débil.

La solidaridad mundial no es solo un imperativo moral: es por el bien de todos.

EN SEGUNDO LUGAR, DEBEMOS CENTRARNOS EN EL IMPACTO SOCIAL Y EN LA RESPUESTA Y LA RECUPERACIÓN ECONÓMICAS

A diferencia de lo que ocurrió en la crisis financiera de 2008, la respuesta en este caso no radica en inyectar capital solamente en el sector financiero. Esta vez no se trata de una crisis bancaria; y de hecho, los bancos deben ser parte de la solución.

Tampoco se trata de una sacudida habitual en la oferta y la demanda: se trata de una conmoción para la sociedad en su conjunto.

Hay que garantizar la liquidez del sistema financiero, y los bancos deben aprovechar su resiliencia para brindar apoyo a sus clientes.

No nos olvidemos de que esencialmente estamos ante una crisis humana.

Lo más importante es que nos centremos en la gente: los trabajadores que perciben salarios bajos, las pequeñas y medianas empresas y los más vulnerables.

Eso significa que hay que dar apoyo salarial, seguro y protección social, para prevenir las quiebras y la pérdida de puestos de trabajo.

También significa que hay que idear respuestas fiscales y monetarias para que el peso no recaiga en quienes menos recursos tienen.

La recuperación no debe darse a expensas de los más pobres, y no podemos crear una legión de nuevos pobres.

Tenemos que hacer llegar los recursos directamente a la gente. Varios países están adoptando iniciativas de protección social, como las transferencias en efectivo y el ingreso universal.

Tenemos que dar un paso más y asegurarnos de que el apoyo llegue a quienes dependen totalmente de la economía informal y a los países que tienen menos capacidad de responder.

Las remesas son vitales en el mundo en desarrollo, especialmente ahora. Algunos países ya se han comprometido a reducir las comisiones de las remesas al 3 %, muy por debajo de los niveles medios actuales. La crisis exige que vayamos más allá y nos acerquemos lo más posible a cero.

Además, los líderes del G20 han tomado medidas para proteger a la ciudadanía y la economía de sus respectivos países renunciando al cobro de intereses. Debemos aplicar esa misma lógica a los países más vulnerables de nuestra aldea global y aliviar la carga de su deuda.

En general, es preciso que se garanticen servicios financieros adecuados para ayudar a los países en dificultades. El FMI, el Banco Mundial y otras instituciones financieras internacionales tienen un papel clave en este sentido. El sector privado es esencial para la búsqueda de oportunidades creativas de inversión y la protección de puestos de trabajo.

Y no debemos ceder a la tentación de recurrir al proteccionismo. Ahora es cuando tenemos que derribar las barreras comerciales y restablecer las cadenas de suministro.

Si miramos el panorama más amplio, las disrupciones en la sociedad están teniendo un impacto profundo.

Debemos responder a los efectos que tiene esta crisis en las mujeres. Las mujeres del mundo llevan la carga de manera desproporcionada en el hogar y en la economía en general.

Los niños también están pagando un precio caro. En este momento, más de 800 millones de niños no están yendo a la escuela, que es donde muchos de ellos reciben la única comida del día. Debemos asegurarnos de que todos los niños tengan alimentos y acceso la enseñanza en condiciones de igualdad, reduciendo la brecha digital y los costos de la conectividad.

Ahora que las personas tienen que aislarse y su vida se trastorna y se vuelve caótica, debemos evitar que esta pandemia se convierta en una crisis de salud mental. Y los jóvenes serán los que corran más riesgo.

El mundo tiene que seguir prestando apoyo básico a los programas para los más vulnerables, por ejemplo a través de los planes de respuesta humanitaria y para refugiados que coordinan las Naciones Unidas. No deben sacrificarse las necesidades humanitarias.

EN TERCER Y ÚLTIMO LUGAR, TENEMOS LA RESPONSABILIDAD DE “RECUPERARNOS MEJOR”

La crisis financiera de 2008 demostró sin lugar a dudas que los países cuyos sistemas de protección social eran sólidos fueron los que menos consecuencias padecieron y los que se recuperaron más rápidamente.

Debemos asegurarnos de que se aprendan las lecciones y de que esta crisis sea un hito en lo que respecta a la preparación para las emergencias sanitarias y a la inversión en los servicios públicos esenciales del siglo XXI y la provisión efectiva de bienes públicos mundiales.

Tenemos un marco de acción para eso: la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible y el Acuerdo de París sobre el cambio climático. Debemos cumplir nuestras promesas por la gente y el planeta.

Las Naciones Unidas, y nuestra red mundial de oficinas en los países, apoyarán a todos los Gobiernos para que la economía mundial y las personas para las que trabajamos salgan fortalecidas de esta crisis. Esa es la lógica del Decenio de Acción para cumplir los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

Hoy más que nunca necesitamos solidaridad, esperanza y voluntad política para superar esta crisis juntos.

Muchas gracias.

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Atender las necesidades y el liderazgo de las mujeres fortalecerá la respuesta ante el COVID-19

Desde hace una semana, cuando la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró la COVID-19 una pandemia, los países de todo el mundo adoptaron medidas estrictas para intentar frenar la propagación. Como consecuencia, el impacto social del nuevo coronavirus está afectando severamente a las mujeres.

En todo el mundo, las mujeres representan el 70 % de quienes trabajan en los sectores sanitarios y sociales, y hacen el triple del trabajo de cuidados no remunerado en comparación con los hombres.

“La mayoría de quienes trabajan en el sector de la salud son mujeres. Esta realidad las coloca en un lugar de mayor riesgo. La mayoría de ellas son, además, madres y cuidadoras de familiares. Siguen cargando con el peso de los cuidados, cuya carga ya es desproporcionada aun en circunstancias normales. Esta realidad causa un profundo estrés en las mujeres”, afirmó Phumzile Mlambo-Ngcuka, directora ejecutiva de ONU Mujeres.

“Asimismo, la mayoría de las mujeres trabajan en la economía informal, donde el seguro médico es prácticamente inexistente o inadecuado, y los ingresos no están garantizados. Como no son destinatarias de los rescates, dependen financieramente de ellas mismas. Para muchas de las mujeres, esto no se trata sólo de una cuestión sanitaria; sino de la desigualdad de género”.

Otros brotes de enfermedades, como los de ébola y zika, nos dejaron la experiencia de que estos sucesos desvían los recursos de los servicios que necesitan las mujeres, pese al aumento de la carga de cuidados y a las pérdidas en los medios de vida remunerados de las mujeres.

Por ejemplo, cuando los servicios de salud están saturados, el acceso a la anticoncepción y a la atención pre- y posnatal disminuye. Se teme que esto esté sucediendo como consecuencia del COVID-19.

Asimismo, a menudo se desatienden las necesidades específicas de las trabajadoras sanitarias. “En Asia, las primeras conclusiones de la respuesta sanitaria demuestran que, en la fase inicial, no se habían contemplado los productos de higiene menstrual para las trabajadoras del sector dentro del equipo de protección personal”, aseguró Mohammad Naciri, director de ONU Mujeres para la región de Asia y el Pacífico.

Cuando en un contexto de violencia familiar la tensión en los hogares crece, el riesgo aumenta junto con las estrategias de autoaislamiento y cuarentena. Los informes sobre algunas de las comunidades afectadas indican que el COVID-19 está causando estas tendencias.

La información disponible sugiere también que los efectos económicos del COVID-19 se sentirán más fuerte en las mujeres, dado que ellas son mayoría en los empleos informales, inseguros y de baja remuneración. Los trastornos causados, incluidas las restricciones en la circulación, pueden poner en peligro los medios de vida de las mujeres y la satisfacción de las necesidades básicas de sus familias, como vimos en la crisis del ébola.

“ONU Mujeres está trabajando con sus socios para asegurarse de atender las distintas dimensiones de los efectos del COVID-19 en cuanto al género en las estrategias de respuesta de los niveles regionales, nacionales y mundiales”, aseguró Sarah E. Hendriks, directora de la División Intergubernamental de Políticas y Programas de ONU Mujeres.

“Entre las estrategias, se incluye el apoyo al análisis de género y a la reunión de datos desagregados por sexo, de modo que las necesidades y realidades de las mujeres no queden al margen, aun cuando estamos tratando de obtener más datos y aprender más sobre el COVID-19. Asimismo, estamos haciendo hincapié en los programas que crean resiliencia económica en las mujeres para esta crisis y las futuras, de modo que tengan los recursos que necesitan para ellas mismas y sus familias”.

Por ejemplo, en China, ONU Mujeres está poniendo el foco en las soluciones de recuperación económica para apoyar a las pequeñas y medianas empresas de mujeres, con el fin de mitigar los efectos negativos del brote en la economía. Asimismo, apoyó campañas de difusión para promover el liderazgo y el aporte de las mujeres en la respuesta ante el COVID-19, que llegó a más de 32 millones de personas.

A medida que más países y zonas dictan el cierre de escuelas e instalaciones de cuidado infantil para contener la propagación del COVID-19, la capacidad de las mujeres de realizar tareas remuneradas enfrenta obstáculos adicionales. En todo el mundo, las mujeres continúan recibiendo, en promedio, un 16 % menos que los hombres, diferencia que asciende al 35 % en algunos países. En épocas de crisis, a menudo las mujeres deben tomar la injusta y a veces imposible decisión de dejar el trabajo remunerado para cuidar a sus hijas e hijos.

ONU Mujeres está trabajando estrechamente con la OMS, otros organismos de las Naciones Unidas y los Equipos de País de las Naciones Unidas para fortalecer la respuesta coordinada ante el brote. Se están aprovechando también las redes existentes de organizaciones de mujeres para incluir la voz y las decisiones de las mujeres en la preparación y la respuesta ante el COVID-19.

“Hoy es sumamente importante que las mujeres, las personas con discapacidad y los grupos marginados reciban la información necesaria sobre la crisis y la situación de riesgo”, afirmó Paivi Kaarina Kannisto, jefa de Paz y Seguridad de ONU Mujeres.

“En Liberia y Sierra Leona, las campañas comunitarias de movilización organizadas por ONU Mujeres se centraron en la difusión de las comunicaciones en torno a la prevención del ébola, el tratamiento de los casos y el trabajo contra la estigmatización. Mediante la concientización, difusión y capacitación en las comunidades, los programas emplearon mujeres locales para dirigirse a otras mujeres por distintos medios, incluidos la radio y los mensajes de texto. De esta manera, se garantizó que la información esencial fuera compartida por una fuente confiable que generara sensación de proximidad. El enfoque de incorporar la respuesta centrada en el género que dependiera de las redes de las mujeres locales causó importantes efectos para la exitosa contención regional de la crisis del ébola”.

ONU Mujeres emitió una serie de recomendaciones que colocan las necesidades y el liderazgo de las mujeres en el centro de las respuestas efectivas contra el COVID-19:

  • asegurar la disponibilidad de datos desagregados por sexo, incluidas las tasas diferenciadas de infección, impactos económicos y la carga de cuidado diferenciados, e incidencia de violencias doméstica y sexual;
  • incluir la dimensión de género y a especialistas en género en los planes de respuesta y los recursos presupuestarios para generar conocimientos en materia de género en los equipos de respuesta;
  • brindar apoyo prioritario a las mujeres en la primera línea de respuesta, por ejemplo, mejorando el acceso a los equipos de protección personal que atiendan las necesidades de las mujeres y proporcionando productos de higiene menstrual para trabajadoras y cuidadoras, y acordando horarios de trabajo más flexibles para aquellas mujeres a cargo de tareas de cuidado;
  • garantizar la igualdad para las mujeres en la toma de decisiones en torno a la planificación de la respuesta y los efectos a largo plazo;
  • garantizar que los mensajes de salud pública lleguen a las mujeres de manera adecuada, incluidas aquellas personas más marginadas;
  • desarrollar estrategias de mitigación que se centren en los efectos económicos del brote en las mujeres y generen resiliencia en ellas;
  • proteger los servicios básicos de salud para las mujeres y las niñas, incluidos los servicios de salud sexual y reproductiva; y
  • priorizar los servicios de prevención y respuesta ante la violencia de género en las comunidades afectadas por el COVID-19.

COVID-19 en la vida de las mujeres

Nadie puede quedar indiferente ante la imagen de una mujer enfermera desplomada, exhausta después de atender a más de cincuenta personas en un servicio de salud en Italia. Hoy vemos y es evidente que la contribución de las mujeres en la respuesta en la crisis del coronavirus es fundamental. Muchas mujeres son la puerta de entrada al sistema de salud y asumen una alta carga de trabajo en la respuesta a la crisis.

Según datos de la OMS en América Latina las mujeres constituyen el 74% de las personas empleadas en el sector sanitario y social, mientras que los hombres ocupan el 75% de los puestos de liderazgo en las esferas superiores del sector salud. En situaciones de emergencia los profesionales de la salud se enfrentan en muchas ocasiones a un mayor desgaste físico y emocional, así como también enfrentan un mayor riesgo de contagio.  Las mujeres al participar más ampliamente en funciones de primera respuesta en la atención médica también se ven más expuestas.

Este grupo de mujeres o “primera línea del cuidado” es directamente afectada por la crisis, y en al menos dos dimensiones: el aumento al doble de horas de cuidado en sus propios hogares y también la posibilidad de que sus empleos se suspendan por riesgos de contagio en el lugar de trabajo.

No solo en el ámbito de la salud vemos que existen múltiples implicancias de la crisis del coronavirus en la vida de las mujeres, también lo vemos en lo económico y en lo social.

Por ejemplo, la crisis de coronavirus tiene y tendrá un impacto amplio en la esfera del cuidado.  Las mujeres son las más afectadas por el impacto de esta crisis en el trabajo de cuidados no remunerado.  Y sin duda, que esto repercutirá en mayor medida en mujeres de menores ingresos, quienes por lo general tienen una sobrecarga en el cuidado de familiares enfermos y personas mayores. Resulta relevante hacer un llamado a la responsabilidad y la solidaridad para que la carga de trabajo comience a estar más balanceada entre hombres y mujeres. Tal vez esta crisis nos permita visibilizar el trabajo doméstico no remunerado de las mujeres, a reconocerlo y también a redistribuirlo de mejor forma entre hombres y mujeres.

Al hablar del cuidado también hay que tener en cuenta de qué forma esta crisis afecta a las mujeres trabajadoras domésticas. En la región de América Latina existen 18 millones de personas que se dedican al trabajo doméstico, de los cuales 93% son mujeres. Este grupo de mujeres o “primera línea del cuidado” es directamente afectada por la crisis, y en al menos dos dimensiones: el aumento al doble de horas de cuidado en sus propios hogares y también la posibilidad de que sus empleos se suspendan por riesgos de contagio en el lugar de trabajo.

Por otra parte, siempre en contextos de crisis la violencia contra las mujeres se agudiza, las mayores tensiones al interior del hogar pueden resultar en un aumento de la violencia doméstica. Es por esto que se deben adoptar medidas adicionales para prevenir y responder a la violencia de género.

Sin duda, integrar a las mujeres a un trabajo conjunto a nivel local y desde las organizaciones es una oportunidad para promover sus voces en la prevención, la respuesta y en la recuperación que requiere el país para salir de esta pandemia y crisis global.

Por María Inés Salamanca, Coordinadora de Oficina de Programa ONU Mujeres Chile

Columna publicada en El Mostrador

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